miércoles, 29 de diciembre de 2010

Cuando la ciencia ficción se transforma en realidad, Paco Arnau

Casi 30 años después de su rodaje en 1981, Blade Runner —producción estadounidense dirigida por el británico Ridley Scott estrenada en junio del año siguiente— es un film que ha resistido el paso de tres décadas “sin despeinarse” y ha sido considerado por lo más granado de la crítica del género de la ciencia ficción una obra maestra en toda la extensión del término, por mucho que la Academia de Hollywood no pensara lo mismo al no concederle ningún galardón en los Óscar en 1982 (sólo mereció dos nominaciones el año de su estreno).
Indudablemente, para la inmensa mayoría de los cinéfilos y buenos aficionados al género, muchos de los cuales seguramente deben haber perdido la cuenta de las veces que la han visto, Blade Runner no es una película más de ciencia ficción e incluso sobrepasa la tópica definición de “film de culto”: es “La película”. Sin olvidar —claro está— a 2001, la obra maestra de Kubrik estrenada en 1968 y verdadero punto de inflexión de una nueva época para el séptimo arte.
El guión de Blade Runner es un trabajo colectivo que está inspirado —aunque no basado sensu stricto— en la novela editada en 1968 (el mismo año en que se estrenó 2001) ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do androids dream of electric sheep? en su título original) de Philip Dick, escritor estadounidense que lamentablemente no pudo llegar a ver la película terminada; falleció apenas tres meses antes de junio de 1982, fecha del estreno de Blade Runner en las pantallas de EU.
La banda sonora es de Vangelis, el conocido y magistral compositor griego de música electrónica. Los escenarios y la ambientación están basados en los trabajos de la excelente generación de autores de cómic de los años 70 y 80, entre los que destaca Jean Giraud, dibujante francés reconocido internacionalmente por su sobrenombre ‘Moebius’ y uno de los principales autores de la revista gala de culto Métal hurtlant (Heavy Metal en su versión en otros países como España, Alemania, Gran Bretaña o EU).
Una película de contrastes La estética, el vestuario y la ambientación de Blade Runner crearon tendencia y aun en nuestros días sigue pareciendo “moderna”… o postmoderna. Una mezcla explosiva de vintage, afterpunk y futurismo… Brillante arquitectura de vanguardia del siglo XXI sobre una capa “sedimentaria” de avejentados edificios de infraviviendas de principios del XX. Elegantes trajes y tocados que homenajean la moda de la década de 1940 junto a crestas y quincallería postpunkies. Sofisticados vehículos aeroterrestres esquivando masas de gente que sólo puede desplazarse a pie en una macro-conurbación sin transporte público… Todo ello embadurnado de una oscuridad brumosa provocada por la contaminación de pozos petrolíferos que agotan las últimas reservas californianas en pleno suelo urbano de esta ciudad fundada por los españoles como Nuestra Señora de los Ángeles en 1781. Los detalles en el atrezzo y la decoración rozan la perfección.Sin ninguna necesidad de recurrir al abuso de efectos especiales (oropel bajo el que se suele esconder la debilidad del argumento en la mayoría de las flojas películas que se estrenan en la actualidad), sólo con profesionalidad y buen hacer cinematográficos, Blade Runner consigue deslumbrarnos y sorprendernos escena tras escena*.
La dirección de esta gran producción de la Warner estuvo a cargo, como hemos dicho al principio, del británico Ridley Scott (Inglaterra, 1937), un verdadero virtuoso y perfeccionista de la gran pantalla que no necesita carta de presentación y que también es el autor de películas tan imperecederas como ésta: Alien (1979, otra obra maestra de referencia obligada en el poco prolífico género de la ciencia ficción), Thelma & Louise (1991) o Gladiator (2000), entre otras.
A las órdenes de Scott actuó en Blade Runner un plantel de actores encabezado por un protagonista Harrison Ford en el papel de Rick Deckard (trabajo que supuso la consagración definitiva de Ford como estrella internacional) y el “holandés errante” Rutger Hauer, que borda el papel del líder de los androides replicantes Roy Batty; junto con otros de carreras más o menos irregulares: una joven y bellísima (rozando los cánones de la perfección) Sean Young en el papel de la glamourosa Rachael, la también joven y bella Daryl Hannah en el papel de la replicante Pris y Edward James Olmos, representando al misterioso, siniestro e intrigante detective Gaff del LAPD.
Un contexto social e ‘histórico’ verosímil porque hoy ya no parece tan de ciencia ficción Sobre el argumento de Blade Runner no nos extenderemos. La acción se desarrolla en una oscura, caótica, depauperada y contaminada gran metrópolis californiana de Los Ángeles a finales de 2019 ó principios de 2020, centro de poder de grandes corporaciones privadas que se han convertido —suplantando al Estado— en dueñas y señoras de vidas (humanas o humanoides), haciendas y de todo cuanto acontece… Un futuro distópico o utopía perversa cuando se rodó la película a principios de la década de 1980 (la correlación de fuerzas económicas y sociales globales era a la sazón ciertamente distinta a la de hoy), pero más verosímil, menos distópico además de temporalmente cercano y en buena medida descriptivo del mundo actual.
Las ineficientes y hostiles pero lucrativas y omnipotentes grandes corporaciones privadas ya superan con holgura la mitad del producto interno bruto planetario así como el de muchos Estados del mundo, además de —en consecuencia— detentar el poder real en buena parte de ellos: las llamadas democracias occidentales y sus empobrecidos países satélites, ya sean vasallos o sometidos por la ocupación y la guerra, como venimos constatando día a día.Dejando al margen que los avances en los campos científico y tecnológico que refleja el 2019 de Blade Runner en absoluto han llegado en nuestros días y es altamente improbable —al paso que vamos— que los veamos llegar en la próxima década, ese mundo depauperado cuyos designios dirigen oligopolios privados en manos de un puñado de desalmados desde sus atalayas de cristal opaco (que tan bien describe este film como ciencia ficción en la época de su rodaje), se parece mucho al mundo actual, en esta etapa de retrocesos sociales globales que comenzó a finales de los 80 y principios de los 90 con sendos acontecimientos históricos europeos de nefastas consecuencias para el planeta y nuestras generaciones.
Seguramente será por eso que Blade Runner no ha envejecido con el paso de prácticamente tres décadas desde su rodaje y estreno. Sin olvidar, claro está, su excelencia desde el punto de vista artístico, algo que no deja de sorprendernos por mucho que revisitemos esta obra maestra una y otra vez… Es por ello que, para terminar, dejamos una pregunta en el aire: ¿por qué ya no se hacen películas como ésta?

viernes, 14 de marzo de 2008

El fino arte de perseguir replicantes, Rodrigo Fresán


Radar, supl. Página 12, Buenos Aires, 11 de agosto de 2002


Costó 28 millones y recaudó 17, eclipsada por rivales como Startrek II y Conan el bárbaro. La crítica la demolió: “incomprensible”, dijeron, “pretenciosa y machista”, “puro cuerpo y nada de corazón”. La mitad del equipo técnico nunca llegó a entender lo que hacía y Harrison Ford, su actor protagónico, todavía hoy la menta con desdén. A veinte años de su estreno, sin embargo, Blade Runner resplandece como el film más innovador e influyente de la ciencia-ficción contemporánea. Rodrigo Fresán cuenta cómo esa oveja negra llegó a convertirse en esta mina de oro.

Así habló Roy Batty, replicante modelo Nexus 6, número de serie N6MAA10816, puesto en funcionamiento el 9 de enero del año 2016: “He visto cosas que ustedes jamás se imaginarían. Naves de ataque ardiendo en el hombro de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tanhauser. Todos esos momentos... se perderán... en el tiempo. Como lágrimas... en la lluvia. Hora... de morir...” Es un gran momento del cine y un gran momento de cualquier género, en cualquier parte: el “malo de la película” agoniza frente al héroe y frente a nosotros –sentados en la oscuridad– y entonces nosotros y el héroe descubrimos que el malo de la película no es tan malo. Y que ha visto tantas cosas que nosotros jamás veremos. Y nos queda un tibio consuelo, pero un consuelo al fin: poder ver una y otra vez al replicante modelo Nexus 6, a Roy Batty, recitar aquello de “He visto cosas...”
Antes
Blade Runner se estrenó en 1290 cines de Estados Unidos el 25 de junio de 1982, pero no llegó a la Argentina hasta nuestro otoño de 1983. En el pasado, las películas tardaban más en llegar a nosotros. Aunque tal vez la verdadera razón de la demora fuera que el film del triunfador Ridley “Alien” Scott –pensado para convertirse en un nuevo fenómeno del tipo Star Wars: no en vano se eligió para lanzarlo el mismo día en que había debutado la película de George Lucas– no salió como se pensaba a la hora de la taquilla y la crítica. Costó 28 millones y recaudó 17. Mal negocio. Al equipo técnico –que durante la filmación no dejó de preguntarse de qué iba todo eso– tampoco le convenció mucho. El actor M. Emmet Walsh (el jefe de policía Bryant) dijo que no entendió nada; a Daryl Hannah (la replicante Pris) le encantó; Edward James Olmos (el policía oriental Gaff) optó por un ambiguo “increíble”; Rutger Hauer (el replicante Roy Batty) la defendió desde el principio; y Harrison Ford (el blade runner Rick Deckard) se quedó en casa. La crítica la definió como “fracaso fascinante”, “ciencia-ficción pornográfica: puro cuerpo y nada de corazón”, “un caos”, “incomprensible”, “pretenciosa y machista”. Y Pauline Kael –implacable y sofisticada crítica de The New Yorker– la remató con un “Si uno de estos días desarrollan ese test para detectar humanoides, mejor que Ridley Scott se esconda muy bien”.Hubo algún gesto de piedad pero sirvió de poco y nada. Blade Runner fue devorada cruda durante un verano plagado de éxitos del género fantástico –y de mucha acción– como Viaje a las estrellas II: La ira de Khan, Conan el bárbaro, la remake de La cosa de John Carpenter y –antes que nada y que ninguno– el E.T. de Spielberg, que marcó a fuego la tendencia alien buenito antes que robot malote. El existencialismo noir de Blade Runner causaba, en el mejor de los casos, cierto intrigante desconcierto. Lo que para el gran público pochoclo y coca es apenas otra de las muchas maneras del aburrimiento.
A mí –aclaro, por si hace falta, que todo esto está escrito por un fan confeso, y orgulloso de serlo– me gustó mucho. Las películas que más nos gustan no sólo tienen la propiedad de quedarse para siempre en nuestra vida sino que, además, fijan en nuestra memoria el momento exacto en que las vimos. Yo me acuerdo que la vi la noche de su estreno en el cine Monumental, que llovía, que salí como si volviera de otra época y que la calle Lavalle se parecía tanto al Los Angeles del 2019. Todavía vivíamos y moríamos bajo una dictadura, sí, y las dictaduras siempre tienen algo de ciencia-ficción. Ciertas democracias, si se lo piensa un poco, también.
Durante
El reciente estreno de Minority Report de Spielberg –también basada en ideas del escritor Philip K. Dick– potencia la efemérides. Veinte años después de Blade Runner, tiene su gracia, Spielberg estrena una película replicante, una vistosa y virtuosa falsificación que acaba agonizando por el mismo motivo por el que agonizan los androides de RidleyScott: la necesidad casi refleja de parecerse a los originales y mejorarlos es lo que los pierde y los derrota. Veinte años después, la derrota de Spielberg es la revancha de Scott. Aunque, en realidad, la dulce venganza comenzó casi enseguida. Como yo, varios salieron de ver Blade Runner sin poder creer lo que habían visto. Pensar en que si Blade Runner fuera un disco sería el primero de The Velvet Underground: en principio rindió poco, pero después influyó como ninguno. La Warner –queriendo capitalizarla al máximo– emitió por su canal de cable la película y lanzó el video y el láser-disc en 1983. Se vendieron bien y se alquilaron mejor. Y revistas como Film Comment y American Film empezaron a publicar “reconsideraciones” de la película cada vez más eufóricas, mientras detectaban y analizaban una nueva y extraña moda: la bdmanía, que para los historiadores nace en diciembre de 1982, con la publicación del primer fanzine dedicado por completo a la película y editado por Sara Campbell, una chica de 26 años que –¿fecha de vencimiento replicante, tal vez?– moriría un par de años más tarde. La antorcha fue rápidamente recogida, abundaron las tesis universitarias (sí, Blade Runner es una de esas películas a las que se puede adjudicar cualquier cosa) y la llegada de los ‘90 y el triunfo del cyberpunk y las computadoras domésticas terminaron de desencadenar la locura. Cientos de sites para discutir hasta el amanecer los aspectos más oscuros y luminosos de la película, las novelas de William Gibson & Co. y –nada es perfecto– todas esas pésimas imitaciones de Blade Runner, todas esas calles donde siempre llueve y las chicas se maquillan como mapaches, todos esos retrofuturos con elementos de los ‘40 y los ‘50. Y el reestreno del director’s cut en 1992 sin voz en off y con unicornio. A los críticos seguía sin gustarles demasiado. Pero la gente que fue a verla se multiplicó, y el público aplaudía cuando Roy Batty decía haber visto tantas cosas porque, bueno, ya lo dije: nosotros lo habíamos visto tantas veces en nuestro televisor que era muy lindo volver a verlo en pantalla grande.Y seguir descubriendo cosas nuevas.
Después
He oído cosas... Como suele ocurrir con los films verdaderamente legendarios, a la sombra de Blade Runner germinó una impresionante cantidad de rumores y leyendas urbanas de la más diversa calaña. Lo que se enumera a continuación ha sido debidamente corroborado.Blade Runner está basada en la novela de Philip K. Dick escrita en 1966 y publicada en 1968 con el título ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Otros títulos en los que pensó el autor fueron El sapo eléctrico, ¿Sueñan los androides?, La oveja eléctrica y el portentoso ¡Los asesinos están entre nosotros!, le gritó Rick Deckard al Hombre Especial. La idea se le ocurrió a partir de un artículo del matemático Alan Turing y la lectura de un diario de un oficial de la SS. A partir del estreno, varias ediciones de la novela optaron por mutar su título a Blade Runner (el propio Dick autorizó una de esas movidas justo antes de morir) y algunas –herejía– incluso modificaron el año en el que transcurre el libro –1992– adelantándolo hasta el 2019 en el que transcurre la película. El film de Ridley Scott tiene algo y poco que ver con la novela de Dick (elimina largos tramos del argumento y mantiene el concepto de un cazador de andys o androides), pero en cierto modo respeta su espíritu. Dick murió antes de ver la versión terminada; pero primero no le gustó lo que le mostraron y después le gustó mucho lo que le mostraron más tarde. Los curiosos y obsesivos encontrarán una conversación sobre el tema tan reveladora como desopilante en el libro What If Our World Is Their Heaven?: The Final Conversations of Philip K. Dick (Over- look Press, 2000).El primer interesado en filmar la novela fue Martin Scorsese, en 1969, pero no tenía dinero para recomprarle los derechos al productor que los tenía en su poder.Las primeras versiones del guión llevaban los títulos Android, Mechanismo, Gotham City y Dangerous Days. El nombre Blade Runner –que no aparece en ninguna parte de la novela de Dick– sale, en realidad, de un libro/guión nunca filmado de William Burroughs, quien a su vez lo había tomado prestado de Alan Edward Nourse, autor de la novela The Bladerunner, que trata sobre traficantes de material quirúrgico y médicos forajidos. A Scott le gustó como sonaba, llamó al autor de El almuerzo desnudo y le ofreció 5 mil dólares por la autorización para utilizarlo. Burroughs respondió enchanté y salió al patio a vaciar su rifle contra todo lo que se moviera a modo de festejo.
Durante un par de semanas –se sabe que es un tipo de lo más ciclotímico– Dustin Hoffman persiguió con ganas el rol de Rick Deckard. Después, creo, se fue a filmar Ishtar con Warren Beatty. Otros nombres que se barajaron fueron los de Tommy Lee Jones y Christopher Walken.Una de las primeras versiones del guión terminaba con Deckard llevándose a la replicante Rachel a un lugar seguro, fuera de la ciudad, para acto seguido meterle una bala entre los ojos y a quemarropa. A Burroughs le hubiera encantado.En un momento del rodaje –cuando todo estaba más o menos fuera de control y lejos del presupuesto original–, los productores despidieron a Scott y volvieron a contratarlo al día siguiente. Nadie sabía cómo terminar... eso. Cuando le dijeron a Harrison Ford que tendría que grabar una narración en off para encimar a la película, el actor –que disentía con semejante idea– decidió hacerlo sin ningún tipo de inflexión dramática y sin entusiasmo, de modo que resultara inutilizable. Ford es muy ingenuo y, ey, seguro que a Burroughs le encantó. (A mí me gusta.)
La escena final de Blade Runner –ese largo travelling a través de nubes y bosques– fue agregada a último momento por los productores, y no lo filmó Scott sino Stanley Kubrick: son sobrantes de las –seguramente– miles de horas de celuloide que el difunto director imprimió para los títulos de El resplandor. “Si me obligan a poner un parche, que por lo menos sea un parche dirigido por Kubrick”, pensó Scott, y llamó por teléfono y Stanley se mostró encantado. A Kubrick le gustó mucho Blade Runner, lo que no es muy sorprendente: Blade Runner es una de las películas más Kubrick jamás filmadas por alguien que no fuera Kubrick, a la vez que incursiona en una de las vetas más interesantes, ricas y profundas de 2001: Odisea del espacio. Ya saben: en el futuro, dentro de muy poco, las máquinas serán mucho más sensibles y líricas que los hombres que las crearon.
La secuencia onírica del unicornio –añadida por Scott para el director’s cut y pieza clave para los defensores de la idea de que Deckard es replicante– sale de unas tomas descartadas por el director para su siguiente film, el muy fallido Leyenda.Contra lo que se piensa, no hay dos versiones de Blade Runner –la que se estrenó originalmente y el director’s cut– sino cinco: la versión que se vio en los preestrenos de Dallas y Denver (que no le gustó a casi nadie), la versión del preestreno en San Diego (a la que se le agregó la narración en off y el final feliz), la versión con retoques de última hora que se estrenó en Estados Unidos (supongo que fue la que se estrenó en la Argentina), la versión internacional (un poquito más larga y más violenta), y el director’s cut. Muy apropiado si se tiene en cuenta que Blade Runner trata sobre réplicas, dobles, falsificaciones. En julio del 2000, la televisión inglesa emitió otra nueva versión con escenas inéditas entre las que se destaca una que transcurre en un hospital y hasta la próxima, amiguitos...
La maldición de Blade Runner: la película de Scott no sólo fue pionera e innovadora en muchos campos; también quiso ser un gran negocio en concepto de publicidad subliminal, con todas esas marcas registradas adornando el convulsionado paisaje de la Los Angeles que Steven Spielberg recientemente sintetizó como “sushi y lluvia ácida”. Muchos se apuntaron, claro, pero al final la película se estrenó y fue un estrepitoso fracaso y, por el mismo precio, dicen, significó el tiro de gracia para varias de las empresas involucradas, que jamás llegarían a ese 2019 en el que Rick Deckard corre y corre y corre. Aquí están, éstas son, descansen en paz: la telefónica Bell, Atari, Cuisinart, Polaroid y Pan Am. Coca-Cola, que por entonces se disponía a lanzar la catastrófica New Coke, se salvó por un pelo.La serpiente que exhibe la replicante Zhora (Johanna Cassidy) era la mascota de la actriz en la vida real. Una cariñosa pitón llamada Darling.Harrison Ford (quien luego de Star Wars y Los cazadores del arca perdida sentía que a todo el asunto le faltaba “un poco de acción”) estuvo muy pero de muy mal humor durante todo el rodaje. En especial con su coprotagonista Sean “Rachel” Young (que desplazó a la primera opción, Barbara Hershey): sólo le dirigía la palabra cuando filmaban juntos (esa inolvidable y perfecta y bizarra escena de amor), y siempre le corregía la dicción. Todavía hoy Ford habla de la película con cierto desprecio: “En Blade Runner yo era un investigador que no investigaba y al que le pegaban todo el tiempo. No es una película mía, es de Ridley Scott. Tal vez”. Scott se limitó a declarar: “Hay ocasiones en que la puesta en escena es la acción”. Scott 1, Ford 0.La falta de tiempo y de presupuesto extra obligó a utilizar todo lo que hubiera a mano para construir las maquetas de la ciudad. Así, el diseñador Bill George se permitió la travesura de injertar una réplica de la nave Milennium Falcon de Hans Solo (el personaje de Harrison Ford en Star Wars) en uno de los flancos de un edificio. Si se la busca cuadro por cuadro, se la puede ver casi al principio, en la escena en que Gaff lleva a Deckard al cuartel de policía. Años más tarde, Lucas le devolvió la atención en Episodio I: La amenaza fantasma, donde pueden verse un par de patrulleros spinners de policía volando por los cielos del planeta Coruscant. El soundtrack oficial de la película –a cargo de Vangelis– recién apareció doce años después del estreno de la película. Por el camino se oyeron múltiples versiones pirata del tema preferido, creo, para cortina de programas deportivos y argentinos.
La secuencia del combate final entre Deckard y Batty –originalmente concebida como un duelo de karate– fue recoreografiada por Rutger Hauer de un modo más “primal”. Buena idea. A Hauer también se le ocurrió lo de la palomita. Mala idea.El justamente célebre y cuasi-shakespeareano monólogo final del replicante Roy Batty era más largo. Rutger Hauer propuso acortarlo y, además, improvisó in situ eso de “Todos esos momentos se perderán. Como lágrimas en la lluvia. Hora de morir”. Bien hecho, Rutger. Después abrió la mano para que la palomita saliera volando. Pero la palomita salió de escena caminando porque estaba muy mojada y no podía volar. Solución: filmar otra palomita en otra parte. Seca. De ahí que en la película se la vea ascender hacia una aurora limpia de nubes pero, sí, con voz en off. La cuestión –largamente discutida– de si Rick Deckard es o no un replicante surgió a partir de un malentendido entre Scott y uno de los guionistas, David Peoples (el otro fue Hampton Fancher). El director leyó mal una parte del guión en la que Deckard, pensándose en voz alta y en irónico off, decía: “Yo también soy un modelo de combate”. Scott lo interpretó literalmente y a partir de entonces comenzó a insertar en el film pequeñas pistas desconcertantes; entre ellas, el dato de que se fugaron seis replicantes, uno murió al llegar a la Tierra y –dado que Deckard elimina a cuatro– ¿dónde está el quinto? La confesión final tuvo lugar en el documental para televisión On the Edge of Blade Runner (2000), donde el director finalmente reconoció que Deckard no se hace: es.


Siempre
Hoy nadie duda de la importancia de Blade Runner. Abundan los libros sobre su trascendencia (quizás el más completo sobre el aspecto cinematográfico sea Future Noir: The Making of Blade Runner, de Paul M. Sammon; el más académico es, seguro, Retroffiting Blade Runner, de Judith Kerman) y, desde la platea, los pronunciamientos admirados de vips como Fernando Savater (“Es la mejor muestra de metafísica hecha celuloide”) o Guillermo Cabrera Infante (“Es un gran cuento de hados”). En lo que a mí respecta –desde el supe–pullman–, diré que Blade Runner es el equivalente sci-fi de Casablanca: una historia que apela a lo ancestral y que funde un sinfín de mitos, una trama para armar, un misterio que no cesa y al que se vuelve una y otra vez, como si fuera un café llamado Rick’s o –ya que estamos– Rick Deckard’s.De vez en cuando surgen rumores sobre una inminente e inevitable segunda parte de Blade Runner. Scott tiene desde hace tiempo en carpeta un proyecto sci-fi con el título, obviamente provisorio, de Metrópolis, y cambia de tema cada vez que le preguntan. En cualquier caso, ahí están las tres aceptables novelas/continuación de Blade Runner firmadas por W. K. Jeter –discípulo reconocido por Dick en vida–, listas para ser manipuladas, cambiadas o lo que venga. Scott afirma que la condición única e inevitable es que Deckard se asuma como replicante de una vez por todas. Lo que, supongo, permitiría cambiarle la cara de Harrison Ford –yo voto por Christopher Walken– y a ver qué pasa y alguien sabe, alguien puede decirme cuándo va a parar de llover. Espero que nunca.

jueves, 7 de febrero de 2008

Montaje final en DVD


Blade Runner: Montaje Final en DVD y Alta Definición
Iván Bernal
5 de febrero de 2008
El 12 de febrero saldrá a la venta el montaje final de el clásico de ciencia ficción remasterizado y extendido protagonizado por Harrison Ford y dirigido por Ridley Scott en 1982.
El 12 de Febrero, a la venta en DVD y alta definición el clásico de ciencia ficción "Blade Runner". Visualmente espectacular, llena de acción, visionaria y precursora desde su estreno. "Blade Runner" vuelve en su montaje final y definitivo de Ridley Scott, incluyendo escenas extendidas y efectos especiales nunca vistos. "Montaje final" es el resultado de un proceso que comenzó hace siete años y es fruto de una intensa investigación y meticulosa restauración, de desafíos técnicos, de descubrimientos asombrosos y nuevas posibilidades.
EN SU 25 ANIVERSARIO, EL ESTRENO DE "MONTAJE FINAL" HA SIDO PROTAGONISTA EN LOS PRESTIGIOSOS FESTIVALES DE CINE DE VENECIA Y SITGES, Y HA SIDO ESTRENADA EN UN BUEN NÚMERO DE SALAS CON INCREÍBLE ÉXITO DE TAQUILLA Y PÚBLICO.
Blade Runner transcurre en el futuro, más concretamente en Los Ángeles, en el año 2019, donde La Tierra vive ahora con la intención de colonizar otros planetas, mientras ella misma se encuentra en una época de decadencia donde la tecnología resplandece y donde sin embargo predomina el caos humano. Los Replicantes, seres fabricados a partir de la ingeniería genética por la compañía Tyrell Corporation para trabajar en las colonias fuera del planeta, semejantes físicamente a los humanos aunque con una mayor agilidad y fuerza física, se han revelado y solo el cuerpo de policías especiales llamados Blade Runners, entre ellos Rick Deckard (Harrison Ford) pueden dar cazas a estos seres con instintos asesinos. El reparto se compone de Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, M. Emmet Walsh, Daryl Hannah, William Sanderson, Brion James, Joe Turkel y Joanna Cassidy.Montaje Final en exclusiva en estuche metálico
DISCO 1 • Blade Runner montaje final 2007.• Digitalmente renovada y remasterizada incorporando nuevos metrajes y efectos especiales nunca antes vistos. • Banda sonora remasterizada en Dolby Digital 5.1 • Presentación de Ridley Scott. • Tres comentarios de audio de los productores incluido Ridley Scott.
DISCO 2 • Días peligrosos: Creando Blade Runner. • Documental definitivo con escenas eliminadas y novedosas entrevistas. Un vistazo a la difícil creación de la película y su polémico legado. • Dolby Digital 5.1 Audio. Características Especiales: Pantalla: 16/ 9 1.85:1 Duración: 117 min. aproximadamente
Disco 1 Idiomas: (5.1 Dolby Digital) Castellano, Inglés, Alemán y Polaco Subtítulos: Castellano, Inglés, Alemán, Danés, Noruego, Sueco, Polaco, Finlandés (entre otros) Disco 2 Idiomas: (2.0 Dolby Sorround) Inglés Subtítulos: Castellano, Inglés, Alemán, Danés, Portugués, Italiano, Griego, Holandés, Noruego, Sueco, Polaco, Finlandés (entre otros)
Blade Runner Montaje Final Edición Coleccionista
5 Discos 9 horas de contenidos extras que incluye el montaje del director, escenas eliminadas, entrevistas reveladoras y documentales en 5.1 Audio.
DISCO 1 • Blade Runner montaje final 2007 • Digitalmente renovada y remasterizada incorporando nuevos metrajes y efectos especiales nunca antes vistos. • Banda sonora remasterizada en Dolby Digital 5.1 • Presentación de Ridley Scott.
DISCO 2 • Días peligrosos: Creando Blade Runner. • Documental definitivo con escenas eliminadas y novedosas entrevistas. Un vistazo a la difícil creación de la película y su polémico legado. • Dolby Digital 5.1 Audio.
DISCO 3 • Tres versiones de archivo completas. • El montaje original de 1982 y el montaje del director de 1992, todas disponibles en un solo disco con comentarios de Ridley Scott en cada una de ellas. Todas las versiones remasterizadas de los elementos originales con imagen y audio mejorados.
DISCO 4 • Archivos mejorados.• Todo un mosaico visual de más de una docena de fragmentos, información cronológica de la producción. Puntos de vista de Syd Mead, Jordan Cronenweth e información sobre la mejora y los metrajes adicionales.
DISCO 5 • "The Workprint" nunca antes visto. • El metraje Todos nuestros futuros cambiantes. Características Especiales Formato pantalla: 4x3/ 1.33 y 16x9/ 1.85
Duración: 580 min. aproximadamente Idiomas: Castellano, Inglés, Alemán y Polaco Idiomas (Workprint): Inglés Subtítulos: Castellano, Inglés, Alemán, Danés, Noruego, Sueco, Polaco, Finlandés (entre otros)
Blade Runner: Montaje Final Edición Estuche Metálico
2 Discos : 18.00€ P.V.P RecBlade Runner: Ediciónj Coleccionistas 5 Discos: 45,00€ P.V.P. RecBlade Runner: Montaje Final HD-DVD: 29,95€ P.V.P. RecBlade Runner: Montaje Final Blu-Ray DISC: 29,95€ P.V.P. Rec
Según la revista Rolling Stone: El status de película de culto de esta obra maestra del cine de ficción es incuestionable (la trilogía "Matrix" sería inconcebible sin ella). Si el metraje de la película en 35mm se escanea a una resolución de 4K del negativo original, mientras que sus innovadores efectos visuales se escanean a una resolución de 8K de elementos impolutos en 65mm, todo ello dará como resultado una sensacional experiencia visual como no se ha visto desde el estreno de la película en 1982, y tal vez ni siquiera entonces. Si además se utilizan los originales de seis pistas para mezclar la banda sonora de la película con la tecnología de vanguardia de hoy en día, y se le añaden 9 horas de documentales exhaustivos, metraje nunca antes visto y experimentas una verdadera orgía de reconstrucción. Según los críticos: "Montaje Final" es el montaje definitivo de su genial director, Ridley Scott y logra situarse en el puesto número 1 de lo mejor que ha dado la Alta Definición y el DVD standard a lo largo del 2.007, seguido por 300.

26 veces en el 2019, Gonzalo Martínez

Tenía 15 años cuando en mi familia compraron la primera videocasetera. Crecían los videoclubes al ritmo de las canchas de paddle y con mi amigo Carlos dejamos los jueguitos de la Commodore 64 por un rato para instalarnos a ver películas en casa. Siempre eran dos o tres seguidas; largas horas con los ojos vidriosos viendo películas de acción. En particular nos gustaban las de ciencia ficción. Yo leía Bradbury, Asimov, Ursula K. Le Guin, Frank Herbert, Arthur C. Clarke y todos esos libros que les sacaba a mis hermanos y a mi viejo. Un día, al azar, vimos una película de la que no sabíamos nada, nos gustó la gráfica de la cajita en el videoclub y la llevamos junto a otras dos que ni recuerdo. Esa de la que no sabíamos nada era Blade Runner, de Ridley Scott. Y algo pasó cuando la vimos. Quedamos fascinados por completo, nos parecía diferente. No entendíamos del todo el argumento y eso nos daba ganas de verla otra vez. El primer día la vimos dos veces seguidas. Al día siguiente otra vez y otra vez y otra vez. En el transcurso de una semana la vimos 26 veces. Fue ese número exacto: las contamos. Nos parecía algo heroico y distinguido. Era justo lo que necesitábamos. Ver una película 26 veces en un puñado de días.
Creo que ahora puedo recordarla completa: luego de un largo texto que explicaba la situación en el año 2019, aparece la vista de esa ciudad del futuro, una toma como desde una terraza. Los edificios, las luces, unas torres piramidales que sobresalen de la masa urbana, los autos que vuelan en líneas rectas a distintas alturas y unas explosiones de chimeneas industriales. Todo contra un cielo oscuro y siempre lluvioso. Luego aparece el primer plano de un ojo. El ojo ve la ciudad; las explosiones de las chimeneas lo inundan de fuego. El ojo pestañea, y más adelante sabremos que es el ojo de un replicante, de un robot. El robot se ha escapado de la esclavitud y disfruta la vista de su ciudad del futuro. Y así seguían las imágenes hasta el final. Harrison Ford, el policía protagonista, huye con la chica robot que debía matar. Se enamoraron. Tienen el mismo problema: ninguno de los dos sabe quién es realmente. Entonces huyen juntos, se alejan volando en auto de la ciudad. Un frondoso y colorido bosque de pinos pasa a toda velocidad por debajo de ellos. Bosques en la montaña, de fondo el cielo, por primera vez, como una cortina celeste, y el auto escapa a toda velocidad mientras suena la adrenalínica música de Vangelis, que luego escucharía en tantas transmisiones televisivas de fútbol.
Creo que lo que más nos gustaba de la película era una especie de identificación con estos robots-replicantes: eran artificiales, diferentes y perfectos, eran inocentes y tenían que ser aniquilados. Sentíamos que hablaba de nosotros, los adolescentes, como una versión mejorada de los adultos y que éstos no pueden soportar.
Recuerdo que no queríamos que terminara, leíamos los títulos hasta el final tratando de memorizar los nombres. De ahí me quedó esa manía. Recuerdo que había una banda ¿de música? que se había puesto el nombre por un cartel que se veía en la marquesina de un teatro, en el fondo de una toma. Creo que eran Los Mimilocos o algo así. Con Carlos revisamos la película para ver el cartel.
“All these moments will be lost in time like tears in rain”. Era la última frase del robot interesante, antes de morir. Condensaba la visión apasionada de la vida: única e irrepetible, y merecía un final mejor, merecía por lo menos ser recordado, aunque el que recordara fuera un robot (o un adolescente). Aprendimos la frase de memoria –recién empezábamos con el inglés en la secundaria– y la frase nos parecía perfecta. Concisa, profunda y accesible. La repetíamos imitando la cadencia de Rutger Hauer, en la escena con la fallida imagen de la palomita que sale volando de entre sus manos cuando ya no tiene fuerzas para retenerla.
Crecí viendo cómo la película se hacía de culto, y luego se transformaba en un clásico. A los 23 años, 8 años más tarde de esa primera impresión, fui al cine a ver la versión con el corte final del director. Estuvo bien pero no fue como cuando tenía 15 y la vi hasta quemarme los ojos. Ahora no puedo verla sin recordar toda esa historia de vanidad adolescente.

Blade Runner (1982, dirigida por Ridley Scott)
Escrita por Hampton Fancher y David Peoples sobre la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, del escritor Philip K. Dick, y protagonizada por Harrison Ford, Sean Young, Rutger Hauer, Daryl Hannah y Edward James Olmos, esta ambiciosa distopía ambientada en Los Angeles en el 2019 fue un fracaso comercial en su estreno, pero con los años se transformaría en una de las películas más importantes de la ciencia ficción contemporánea.
Narrada con elementos que remiten al film noir, la película exploraba entre sus temas centrales —además del de la sociedades autoritarias gobernadas por megacorporaciones— una obsesión propia del autor de la novela, la búsqueda de la identidad; con un ojo puesto en los avances de la por entonces incipiente ingeniería genética y el diseño de vida artificial. Paranoico, esquizofrénico, víctima de una obsesión persecutoria en los años ‘70, Philip K. Dick murió en marzo de 1982, un par de meses antes del estreno de la película, que sería apenas la primera de una creciente cantidad de adaptaciones al cine de su obra. En las dos décadas y media transcurridas desde entonces, se estrenaron ocho películas basadas en sus relatos, incluyendo El vengador del futuro, Minority Report y la reciente El vidente. El año pasado Ridley Scott proyectó en festivales y lanzó en DVD el que, dice, es el verdadero “corte del director”, con el título Blade Runner: Final Cut.
La última frase en inglés dice: “Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia”.
Página 12, Buenos Aires, 27 de enero de 2008